La danza de este siglo parece estar siendo la de reconocer nuestro inmenso potencial y expresarlo, soltar las amarras que nos anclan a viejos paradigmas y abrir las puertas de la percepción para visualizar el campo de posibilidades que somos cada unx en relación con lo que nos rodea y con quienes nos rodean.
¿Somos ambiente enriquecido y nutricio de quienes se acercan a nuestro espacio vital, o intoxicamos cuanto vínculo generamos? Esta pregunta es esencial cuando iniciamos un camino de conocimiento y autoconocimiento, ya que solo podemos cambiar el mundo cambiándonos a nosotrxs mismxs.
El mandato del sacrificio
Tenemos grabado a fuego el mandato del sacrificio y de postergar los tiempos del disfrute, del ocio, de compartir la alegría, de Ser. Traemos como objetivo cotidiano el chip del consumo masivo que solo nos deja hambrientxs, y la sordera a los mensajes del cuerpo que clama por descanso y ritmos más naturales para la humanidad mamífera que nos habita.
Cuando algo en nuestro interior nos habla, cuando esa voz de la intuición emerge, es el momento de accionar escuchándo-nos — no es ni más ni menos que la voz de nuestro corazón.
Escuchar al corazón puede parecer a la primera escucha una frase romántica o naif. Pienso que es de una profundidad absoluta y que tiene que ver con los deseos propios para vivir la vida que cada quién quiere para sí.
Cuando nos movemos en esa frecuencia, atendiendo a las motivaciones profundas, e impulsándonos en dirección a su concreción, nuestro entorno se convierte en atractor de energías positivas, haciendo que se manifiesten la abundancia y la fertilidad de los proyectos sembrados.
En esa misma danza de expresión saludable somos transmisores, referentes, portadores de posibilidades para otras personas.
El cuerpo como biografía
Nuestros cuerpos traen y muestran nuestra biografía en el caminar, en el respirar, en la calidez de la piel y la calidad de nuestras relaciones. El movimiento puede ser pleno de sentido, integrado y saludable. Puede conducir cada paso a la transformación y evolución de nosotrxs mismxs y de nuestro ambiente — como también puede ser rígido, vacío y anestesiado, llevándonos al plano de la enfermedad.
Los grandes cambios acontecen de adentro hacia afuera.
Tres preguntas para senti-pensar
Comparto con ustedes tres preguntas que propone "Biodanza, Sistema Rolando Toro Araneda" en el desarrollo del proceso terapéutico de transformación, para senti-pensar la propia danza de la vida:
Las cuatro preguntas
- ¿Vivo con quién quiero vivir?
- ¿Vivo dónde quiero vivir?
- ¿Hago lo que deseo hacer para vivir?
- ¿Trabajo de lo que me gusta?
Las respuestas pueden hacer la gran diferencia entre una vida que vivo por inercia, o una vida que elijo y siento vivir.
Una invitación
La Biodanza no promete soluciones inmediatas ni recetas. Propone un camino: el de volver a habitar el cuerpo, escuchar la voz interior, y desde ahí, recién, decidir. Y luego —porque el proceso continúa— seguir decidiendo cada día.
Si algo de esto te resuena, te invitamos a:
- Conocer la propuesta del sistema en nuestra página de qué es la Biodanza.
- Sumarte a un grupo semanal cerca tuyo — la práctica regular es lo que hace la diferencia.
- Considerar la formación profesional si querés profundizar.
Con la danza —Estela Gariboglio