En mis años de alumno y facilitador he observado la maravilla de este sistema llamado Biodanza, creado por Rolando Toro. Esta danza de la vida produce efectos transformadores en quienes toman con seriedad, continuidad y entrega esta metodología.
La salud no es solo ausencia de enfermedad, sino un equilibrio dinámico que puede romperse si no registramos la totalidad psico-física y mental que somos.
En la integración de cada individuo consigo mismo, con los demás y con el todo, radica gran parte de nuestra salud, alegría y vitalidad.
Biodanza trabaja con músicas, sonidos, danzas y la mediación del facilitador para conducir una experiencia grupal de autoconocimiento y reconocimiento del otro.
Cuando actuamos en consonancia con lo que pensamos, sentimos y hacemos, disminuyen los malentendidos internos que generan malestar y estrés.
Desde la niñez deberíamos comenzar con esta práctica, en paralelo a otras disciplinas mentales y corporales. La falta de educación emocional hace que muchas vidas naufraguen por falta de herramientas.
Biodanza ofrece medios vivenciales para afrontar situaciones que nos aquejan y mejorar la calidad de vida.
El estrés es la marca de nuestros días; no dejemos que arruine nuestra existencia.
Les invito a esta práctica en red, solidaria, amorosa y vital, que ha permitido a miles de personas en el mundo tener una vida más satisfactoria y respetuosa con el planeta.